sábado, 13 de febrero de 2016

Mañana mi hijo juega el último partido de la temporada

Si fuera convocado, mi hijo jugará su último partido de liga de esta temporada en los benjamines del CD Lomo. Una experiencia para mí, como padre, agridulce en todos los sentidos. Dulce en la vivencia de mi hijo con sus compañeros y rivales, sus entrenadores y monitores durante las muchas jornadas de entrenos y partidos; y agrio en la constatación que alrededor del futbol base cohabitan formas de entender este deporte que poco o nada tienen que ver con la sana educación de nuestros hijos.
Enlace original foto www.ideal.es
Somos muchos los padres que nos preocupamos por la educación de nuestros niños en todos los ámbitos, inculcando unos valores de respeto y tolerancia hacia los demás y que el esfuerzo por aprender tiene su recompensa. Una recompensa que se traduce en ser mejor persona con uno mismo y con los demás, principalmente.
Todo esto que inculcamos a diario en nuestros hijos, parece que se diluye cuando durante los partidos de Benjamines (entre 8 y 9 años) oigo y veo como desde la grada se les presiona  para ganar,  se protesta a los árbitros por cualquier cosa y se grita con desmesura sin más razón que la propia “frustración no resuelta” de los padres. Y esto es lo que intento denunciar con esta reflexión para que entre todos los implicados busquemos una solución desde ya, para que nuestros niños crezcan aprendiendo los grandes valores del deporte, como el esfuerzo, la superación personal, el compañerismo o la resistencia a la frustración. De otra manera, solo conseguimos confundirlos, estresarlos y que vivan el deporte como una confrontación y no como una diversión.
El deporte infantil es distinto a lo que vemos en la televisión con los profesionales. La finalidad del deporte base no puede ser otro que el PEDAGÓGICO, su objetivo debe ser formativo y que el niño se divierta y haga ejercicio. Las victorias deben quedar en un segundo plano. Debemos pensar que nuestros niños nos oyen en la grada cuando gritamos o insultamos (yo mismo me he visto envuelto en esta vorágine de gritos en algún ocasión) y se sentirán obligados a ganar  para “satisfacernos”, o  incluso para que no nos “enfademos” y les creará una presión añadida, muy poco sana y nada enriquecedora.
Esto hay que erradicarlo YA desde la raíz. Soy consciente que son muchos años de inercia negativa, pero no voy a quedarme con los brazos cruzados viendo como mi hijo y todos los niños que juegan al futbol crecen en un ambiente hostil por la poca cabeza de unos pocos. Somos muchos los que pensamos así y muy pocos los que gritan, protestan e insultan.
Pienso que la clave es formar desde cada club a los niños en el juego limpio y el respeto hacia los que comparten este deporte, empezando por el árbitro, pasando por sus compañeros y rivales y terminando por los entrenadores. De esta forma, la educación daría un cambio de sentido y serían los niños quienes nos enseñaran como hemos de portarnos durante los partidos de futbol, cuando menos. Ellos sabrían solucionar los conflictos del juego sin alterarse demasiado y nosotros no tendríamos razones para enfadarnos (nunca antes se tuvo razón, igualmente). ¡Cuánto estoy aprendiendo de mis hijos recordándome todos los días los buenos comportamientos que con el paso de los años he ido olvidando!
Quizá sea hora de plantear normas estrictas para los padres que queremos que nuestros hijos aprendan a jugar al futbol. Como establecer desde el momento que el niño se apunte en un club unas normas de comportamiento tanto para el niño como para el padre y que se lleva a rajatabla desde el primer día, por poner un ejemplo.
Ya estamos llegando tarde en ver que hay un problema grave con el deporte base y que tenemos que solucionarlo con el compromiso de todos: la federación interinsular de futbol de Las Palmas (la nuestra), los clubes implicados, los árbitros y los padres. Está en juego mucho más que el respeto en el deporte base, está en juego la educación de nuestros hijos y el futuro de un deporte sano y limpio.
Yo tengo 45 años, y desde niño he jugado al futbol, al baloncesto,  he sido árbitro de baloncesto (¡¡¡¡cuánto hemos de aprender del baloncesto!!!) y nunca viví este ambiente de frustración en las gradas.
Yo disfruté del deporte sanamente con unas infraestructuras deportivas y unos  planteamientos estratégicos y de entrenamientos que están a años luz de lo que disfrutan nuestros niños. ¿Cuál es el problema para que con más, nuestros hijos consigan menos que yo?
La inercia negativa de tantos años metidos en el deporte, tanto de los monitores, entrenadores, directivos como de los padres, quizá no deja ver del todo el problema que existe. Vamos, que los arboles no te dejan ver el bosque. He observado que muchos de los que están involucrados se sienten frustrados y cansados de intentar cambiar todo esto, pues saben mejor que nadie lo que se cuece en las tripas del futbol base. Yo quiero desde estas líneas animarlos a seguir en el empeño de cambiar este mundo porque detrás estaremos muchos padres involucrándonos y ayudando.
Hay gente sana en los clubes, en la federación de futbol, en la delegación de árbitros, en las gradas; ¿Por qué no íbamos a poder cambiar la filosofía equivocada que se ha estado comiendo el deporte base desde hace ya demasiado tiempo?
Ya se han puesto en marcha otras federaciones, como la catalana, que junto a  los padres y responsables de clubes están poniendo los medios para devolver la filosofía del valor pedagógico al deporte base y erradicar el “ganar por ganar”. Empecemos nosotros ya también.
No nos olvidemos que la mayor de las distancias se empieza con un pequeño paso.


Carlos M. Lahora Prats

3 comentarios:

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  2. Genial artículo y cuanta razón. Al final acabaran terminado con el fútbol base.

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  3. Muchas veces he pensado cual es el origen del problema despues de darle vueltas creo q radica en la mala educacion que los padres estamos dando a nuestros desde esta sociedad en la que vivimos. No hay respeto o muy poco por los demas ( entrenadores, arbitros, compañeros...). Somos muy egoistas y anteponemos los intereses de MI hijo sin pensar en nadie mas. Con exigir derechos para nuestros hijos no tenemos en cuenta a todos los demas que estan alrededor y nos equivocamos cuando creemos que estamos protegiendo a nuestros hijos sin pensar en nada mas. El dilema?. Cual es la solucion. Creo que todo es un problema de educacion y respeto que no estan bien entendidas en la actualidad. Como padre y monitor no quiero tampoco un futbol base como el actual.

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